Empezar con una historia
Menos de un minuto, contada en el orden en que ocurrió, y con una condición: la última frase de la historia tiene que ser el primer punto de la presentación. Si no lo es, quita la historia.
Hace tres semanas me llamó un cliente a las siete de la mañana.
Cuándo funciona: La historia termina en el problema que tu presentación resuelve.
La primera vez que presenté ante este grupo, el proyector se apagó en la segunda diapositiva.
Cuándo funciona: Conoces al público y puedes reírte de ti. Con desconocidos, mejor no.
Les voy a hablar del peor proyecto en el que he trabajado.
Cuándo funciona: Sesiones de lecciones aprendidas y formaciones.
El martes pasado, alguien del equipo hizo algo que me cambió la forma de ver este problema.
Cuándo funciona: Quieres reconocer el trabajo de un compañero. Pídele permiso antes.
Cuando empecé en este puesto, tenía clarísimo que [creencia]. Me equivocaba.
Cuándo funciona: La presentación trata de un cambio de opinión y quieres que el público se permita cambiar la suya.
Imagínense un lunes por la mañana en nuestro almacén.
Cuándo funciona: El público no conoce el lugar que vas a describir. Cuéntalo en presente.
